jueves, 6 de agosto de 2009

Libros: De cómo perder peso


En la época de secundaria, elegía los libros como un fisiculturista que buscaba la pesa que más le inflamase los músculos.

Recuerdo, con cierto terror, el momento en que nos explicaron en el salón de clases que era incorrecto decir que uno pesaba tanto o cuanto, si no que los kilos definidos siempre como peso, no eran eso, si no, masa.

Aún hoy, me resisto a aceptarlo (y muchos nos resistimos), pese a que es correcto, verídico, verdadero, comprobado científicamente, cierto.

Eso implicaba, como pasa con las palabras, transformar una forma particular de relacionarse con el mundo, de entenderlo y de acabar con un hábito y una forma de categorizar las apariencias.

...

En la época en que me gustaban los lomos gordos, pesados, voluminosos, me inclinaba por las novelas o los libros de teoría clásicos, textos que venían con reconocimiento adherido, tan inútil como las cintas de los best seller o los autores raros.

Creía ciegamente en la literatura clásica como en cualquier otro gordo, como en Buda o en Jabba The Hut. Era radical y no me atraían los libros delgados.

Aún en la lectura, que puede desligarse tan fácilmente de la apariencia, algo se transformó, en algún punto, desde afuera: Dejé de guiarme por la anchura del paginaje.

No sé cómo, no hay anécdota que recuerde, que marque un punto de giro, en el que me dejé atraer por la literatura contemporánea y por libros delgados, sin cambiar el polo de la radicalidad, sin abandonar mi gusto por lo pesado.

Peso o levedad, dice Calvino, desviándose por elección hacia lo leve. Me gustaría secundarlo decididamente, pero creo que hace rato dejé empolvar y oxidar la balanza.

2 comentarios:

  1. Yo recuerdo especialmente sus lecturas de Los Hermanos Karamasov, de Así habló Zaratustra, Ana Karenina, Infancia, esa antología viejísima e inacabable de poesía francesa, Rusos, la historia del jazz (que no recuerdo cómo se llamaba y que era absurdamente largo). También recuerdo que a sus novias las ponía a prueba con regalos impensables como la Montaña Mágica o Rayuela, y que su maletín pesaba más que usted cuando estábamos en el colegio (ahora es muy poco probable que sea capaz de cargar un maletín que supere su peso corporal, y si lo logra no creo que avance más de una cuadra...).
    Nunca pensé que esas lecturas se debían a una elección radical, a un cierto desprecio por los libros cortos. Creo, de todas formas, que para el bien de su columna vertebral, la inclinación actual por libros más cortos es bienvenida, aunque sé que en este caso no se trata de nada excluyente, si tenemos en cuenta 2666, Los Detectives Salvajes, esa novela de Perec (¿Como una novela?) y otros cuantos que se ha ido tragando en los últimos tiempos. Buen blog y buen comienzo. Ánimo pues con la vaina parcero mijo, que lo duro no es comenzar, como me pasó a mi con mi blog, que se está muriendo de inanición. Saludos dietéticos desde el sur.

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  2. está como bueno el blog, ¿pero solo dos entraítas?
    saludos

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